Nadie podría haber predecido que en aquel encuentro en Foxborough, en ese amistoso a mitad de 2009 en los Estados Unidos, comenzaría una historia que hasta el primer cruce en 2010 sería inquebrantable. En aquel partido de un cuadrangular de pretemporada, Diego Milito le anotaba dos goles al Milan, los únicos dos goles del Inter en ese derby. Hasta entonces, cada vez que es parte de un clásico, el argentino la mete -en el último 4 a 0, también se anotó- y esta vez no iba a ser la excepción.
La estirada de Dida no terminó más que en un giro de cuello y ver como la pelota se había quedado estática en el fondo de la red, en la ratonera. El Principe recibió un pase de Pandev, controló y la cruzó de zurda con ese estilo propio que posee. Ese que es pura cualidad suya. Y, como si eso fuera poco, como si esa racha goleadora en los clásicos no alcanzara, el ex Racing se subió a la cima de la tabla de top scorers. Si, es uno de los capo canioneri con 13 gritos.
Quizás el Inter no hubiese sufrido tanto y podría haber controlado las cosas de mejor manera si Sneijder no se hacía expulsar, de manera tonta, a los 26 minutos de la primera mitad. Quizás el Milan no hubiese manejado los hilos del encuentro con tanta fluidez si ese factor no aparecía en el partido. Porque Ambrosini y Pirlo empezaron a tener la pelota cuando el local se quedó con uno menos y así Ronaldinho pudo soltarse. Igual, ni así pudo el equipo de Leonardo. Pandev, de gran partido, se la colgó a Dida de un ángulo y a otra cosa, mariposa.
Y ni el tiro del final salió para los rossoneros: mano de Lucio adentro del área, expulsión del defensor, ejecución de Ronaldinho y tapada de Julio César. Una jugada a la brasileña que soltó la evidencia que en el derby mandaba el Inter. El penal fue festejado, pero con las cuerdas vocales gastadas y las manos ya enrojecidas previamente. Y, minutos antes se había ido de la cancha el que dio comienzo a esta escapada a nueve puntos en el Calcio. El padre del Milan: Diego Milito.
Fuente : OLE